El precio del abandono

El precio del abandono

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El precio del abandono

Estando el otro día en turno en la Urgencia de uno de los hospitales de esta capital, me comenta el médico de turno; “En categorización hay una abuelita que viste tu, para que la veas de nuevo, que conoces la historia”. Justo en ese momento estaba dando altas e intentando enviar a varios pacientes a un traslado, ya que no teníamos ningún solo box desocupado, por tanto no hice caso en ese momento. La noche siguió bastante ocupada, por lo que a cada momento, recordaba que tenía a esta abuelita esperando atención, hasta que pude tener un momento para ir a verla, y al mirarla, sentada junto a la mujer de mediana edad que la traía, la historia volvió a mi como un piedrazo en la cara. El flashback del turno de la semana anterior llegó a mi en un instante: Una abuelita que llegaba a las 9 décadas en esta tierra, con un alzheimer que hacía que viviese en su propio mundo, me recordaba a mi propia abuela fallecida hace varios años ya. Esta señora, se había caído, se desconocía la situación y presentaba un hematoma muy grande en la cara, que ocupaba la zona periorbitaria derecha, principalmente. En aquella ocasión, también noche dificil, se le había realizado una TC cerebral, en busca de lesiones, y no se encontraron lesiones agudas. Fué derivada de todas maneras, evaluada por el centro de neurología de derivación quien determinó que no existían razones por las cuales esta persona hubiera requerido mayor cuidado, por lo que fué derivada a su hogar.

La historia no suena tan trágica a decir verdad, medicamente. Pero existen un par de cosas que no se han contado al respecto. Resulta que esta anciana con alzheimer vive sola. La mujer de mediana edad que la acompaña, es una vecina, que se preocupa por ella, llevandole comida, dándole medicamentos, y claro, era quien la traía en estos momentos en que necesitaba atención médica. Una vecina. Una persona que no tiene ningun lazo consanguíneo con esta señora, sin pedir nada a cambio, la acompaña en sus últimos años, poniendo en juego inclusive de sus propios recursos para este cuidado.

Resulta que la historia sigue. Luego de esta primera consulta, la señora continuaba con un compromiso general. La vecina comentaba que la semana que había pasado, seguía “rara”, le costaba alimentarse, caminar adecuadamente, e incluso beber agua. La señora venía derechamente deshidratada, pero bien aseada y cuidada. Le realizamos nuevamente un TC cerebral, sin resultados evidentes, una vez más. De la misma forma fué evaluada por el neurólogo y con un análisis negativo, fué referida de regreso al servicio de urgencia. Eran pasadas las 5am, y me impactó la fuerza incólume de la vecina, quien estuvo firme junto a ella todo el tiempo. La hospitalizé por este TEC y por su deshidratación, y hoy durante la mañana, la encontré en el servicio mucho mejor… acompañada de la vecina. Cuando se mejore … ¿tendrá que volver a la soledad de su abandonada casa?.

¿Cuantas veces nos encontramos con casos similares en nuestra práctica diaria? con finales más tristes, claramente. El abandono parece ser normal en la sociedad que nos desenvolvemos actualmente. Tantos adultos mayores, olvidados se cuidan como pueden, y sin una red social que permita que su salud pueda mejorar. Es muy triste darme cuenta de que de los pacientes hospitalizados, cada vez que del punto de vista médico alguien se encuentra en condiciones de volver a su hogar, la tarea más dificil sea evaluar quien puede cuidar de estos pacientes en la casa, descubrir que viven solos, obviamente sin ingresos, y la desesperanza es abrumadora.

Nosotros no estamos haciendonos cargo. Descargando la responsabilidad sobre los hombros de personas como la vecina. Dá para cuestionarse, ¿no?.

Foto: Flickr cc

fuente: Luis Avila El precio del abandono

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