Cuáles son los incentivos para formar profesionales de la salud.

Cuáles son los incentivos para formar profesionales de la salud.

0 442

Cuáles son los incentivos para formar profesionales de la salud.

FORMACIÓN PROFESIONAL EN SALUD EN UN CONTEXTO NEOLIBERAL 
Podríamos referirnos a muchos aspectos relativos a la educación en salud [1], hablar de las nuevas plataformas de enseñanza y metodologías docentes, perfiles de egreso, innovaciones curriculares, entre otros. Sin embargo, se requiere que dar una mirada previa a las características generales del escenario sociopolítico que condiciona la formación de profesionales de la salud, pues apunta esto último a la raíz de los problemas educacionales y de salud en el país; un capítulo en pleno desarrollo y con pocas definiciones establecidas, siendo más bien determinado de forma especial por los incentivos – principalmente económicos – que reciben las instituciones formadoras y no –como algunos quisiéramos- por la motivación que debiera generar una responsabilidad –moral y ética- con las necesidades de la población. 
Seamos claros en que las universidades públicas y privadas tradicionales -a pesar de su trayectoria- no están ajenas a estas condiciones, al enmarcarse esta realidad en un escenario de influencia sistémica. Y es que múltiples factores determinan las características de la formación en salud- Por un lado su orientación es dispuesta formalmente y en gran medida, por el Estado, sobre el cual es bueno referirnos. Debe considerarse que este fue redefinido a partir de las reformas políticas instauradas en los últimos 40 años, condicionando y limitando ideológicamente la participación estatal mediante el establecimiento de un nuevo contexto político, económico y jurídico de predominio neoliberal, impulsado durante la dictadura y avalado por los gobiernos subsiguientes elegidos por vía electoral. A mi parecer, es este nuevo contexto el determinante fundamental en las características de la actual educación superior y de la formación profesional en las carreras de la salud. No pretendo, concretamente, ocupar este espacio para expresar una crítica a la doctrina que guía – en forma mayoritaria – los cursos de la actual humanidad, tal empresa requiere de un espacio aún más extenso. 
LA FORMACIÓN EN SALUD Y LAS MOVILIZACIONES POR LA EDUCACIÓN 
Al observar con detención el contenido de las propuestas asociadas a las múltiples movilizaciones estudiantiles de la década pasada y actual, (podríamos hacer el ejercicio de compararlas año a año para apreciar una tendencia constante de interés y rechazo a las reformas neoliberales antes mencionadas) se nos permite acotar un marco de referencia del cual se desprenden diversos aspectos de importancia para nuestro tema en desarrollo. 
La libertad de enseñanza impuesta en la Constitución política del año 1980, fruto de amplio rechazo en dichas propuestas, atiende a una lógica distinta de encausar la provisión de educación en comparación con los gobiernos precedentes. De esta manera, el estado es desprendido de su responsabilidad como proveedor directo de la educación, estableciéndose con una participación reducida y dejando en manos de la sociedad misma -abriendo al mercado la provisión de educación- la responsabilidad directa de entregar la educación, en sus distintos niveles, pasan a ser los incentivos económicos el principal motor del desarrollo en el sistema educativo. Junto con esto se debilitan los resguardos sobre la calidad de las instituciones y de sus procesos educativos. Signo de esto es lo ocurrido con las instituciones públicas de educación superior (UChile y UTE) que fueron fragmentadas, pasando a tener la misma relación con el estado que sus pares privadas. A pesar de ser definidas como organismos del estado y reconocidas así por las leyes, estas han debido adecuarse a la nueva lógica del sistema estableciendo forzosamente nuevas pautas de desarrollo basadas en la competitividad y sustentabilidad económica de sus proyectos educativos que condicionan, desde entonces, la asignación de recursos por parte del estado (http://www.jaimeguzman.cl/wp-content/uploads/2010/01/Debate-sobre-nueva-legislación-universitaria.pdf). 
LA APERTURA DESREGULADA DE CARRERAS DE LA SALUD: ¿SOLUCIONA LOS PROBLEMAS DE ACCESO Y COBERTURA EN EL SISTEMA? 
De las 6 escuelas de Medicina existentes en 1990, al año 2012 nos encontramos con más de 30; para el caso de Enfermería el caso es aún más dramático superando con creces el centenar de escuelas, tanto universitarias como aquellas impartidas en institutos profesionales; una situación bastante similar es apreciable en la carrera de Kinesiología [2]. En estos tres casos, tomados a modo de ejemplo, la apertura de nuevas escuelas no ha respondido en ningún caso a una planificación previa, ni a la existencia de una estrategia fundada en objetivos. Esto es simple espontaneísmo, dejando el control a la suerte del mercado educativo y su mano invisible. 
Acordemos en que los problemas de acceso, cobertura y calidad del sistema de salud público atienden a múltiples factores, entre otros el déficit de recursos humanos. Al respecto podemos plantear la siguiente pregunta, ¿son estas falencias en el sistema público causadas por un déficit en el número total de profesionales en el país o es éste un problema en distribución del recurso humano? Apuntemos en primer término que del total de usuarios del sistema de salud, sobre un 80%, es decir más de 13 millones, dependen del sistema público y poco menos de 3 millones “se atienden” en el subsistema privado. El gasto en salud para el sistema público es de un 3,41% del PIB, en tanto el sistema privado cuenta con un 4,4% del PIB. El aporte fiscal directo es de sólo un 2%, que equivale a un cuarto del total y el resto sale del bolsillo de cada usuario, tanto por medio del copago como por las cotizaciones[3]. 
Figura 1
Considerando lo anterior, podremos consensuar en que las principales necesidades en salud de la población son reflejadas por las falencias en el nivel primario (APS), siendo este espacio la puerta de entrada de los usuarios al sistema público y estableciendo en la APS un rol de conexión directa con la realidad comunitaria, el reconocimiento y abordaje de las determinantes sociales de la salud, la promoción y la prevención de enfermedades. Las diferencias no terminan aquí, según cifras entregadas este año por la subsecretaría de salud pública2, un catastro efectuado el 2010 sobre los médicos registrados en distintas bases de datos (incorpora al 86% del total) definió que el 61% de estos se desempeña en el sistema público. De estos sólo un 35% son médicos generales, de los cuales un porcentaje aún menor (22,5%) se desempeña en la APS (figura 1). En el caso de otras profesiones la situación no es tan distinta (figuras 2 y 3). 
Figura 2
A partir de estos datos podemos generar algunas conclusiones. Según la disponibilidad de recursos humanos y económicos, en la relación entre APS y nivel hospitalario, hay un desarrollo privilegiado de este último. Al relacionar el sistema privado y público, la balanza se carga también hacia el primero. Y es que los incentivos, tanto económicos como de desarrollo profesional son mayores en estos sectores, estableciéndose un desarrollo del sistema de salud desconectado de la realidad de la población y que no basa su crecimiento en las necesidades de esta, sino en los estímulos a los cuales responden –como cualquier otra persona en un sistema socioeconómico de estas características- los profesionales de la salud. 
Retomando la pregunta del título inicial, las situaciones recién descritas –pudiendo existir otras- no respaldan la opción de “abrir toda la llave” en la producción de recursos humanos para la salud. Es que al parecer la solución no va por ese lado. No se aprecia a simple vista una relación directa y cercana entre el desregulado incremento del número de profesionales para el sistema de salud y las falencias en calidad, cobertura y acceso del sistema de salud. Consideremos que el promedio nacional en la relación médico/paciente es aproximadamente 1/600, cercano a las recomendaciones OMS, no obstante, la distribución de los médicos parece ser un problema central. 
Figura 3
Los principales problemas generadores de inequidad en salud -posiblemente el principal problema del país-, obedecen a factores condicionantes que no han sido abordados de una forma adecuada y que llevan a una resolución superficial de los problemas presentes en la salud de Chile. Sigue –y seguirá- manteniéndose el incentivo económico como el principal determinante para la orientación de las políticas en formación de profesionales y del nicho de desempeño de estos dentro del sistema de salud. Puede que el cumplimiento del deber –Hipócrates revuélcate en tu tumba- y el altruismo profesional hayan dejado de ser incentivos suficientes, si es que alguna vez lo fueron. 
FACULTADES DE SALUD SOCIALMENTE RESPONSABLES 
En 1910, la aparición del informe “Medical Education in the United states and Canada” de Abraham Flexner (ampliamente conocido como el informe Flexner), fruto de un proceso investigativo de 6 meses en que recorrió más de 150 escuelas de Estados Unidos y Canadá, conllevó profundas transformaciones en el panorama de la educación médica hasta la actualidad, llevando al cierre de 50 escuelas de medicina sólo en Estados Unidos, además de profundas transformaciones en otras tantas. Si bien la naturaleza de los cambios promovidos por Flexner apuntan esencialmente a la calidad del proceso educativo, establece un interesante precedente respecto a un modo de acción llevado a cabo ante un escenario de oferta desregulada en la formación de profesionales de la salud, en este caso de la medicina. 
Cien años después de la aparición del informe Flexner, se estableció un Consenso Global para la Responsabilidad Social de las Escuelas de Medicina (http://tim.asemech.cl/wp-content/uploads/2012/07/Global_Consensus_for_Social_Accountability_of_Med_Schools.pdf). En este se exponen algunos ejes estratégicos para el desarrollo de instituciones socialmente responsables, apuntando a establecer como primera prioridad la respuesta a las necesidades de salud de la sociedad, mediante la reorientación de sus diversas líneas de acción, proponiendo incluso el condicionamiento de la acreditación de las instituciones en base al grado de relevancia social del proyecto educativo. 
¿Cuán aplicable a la realidad chilena será poner la calidad y pertinencia social del proyecto educativo como condicionante a la acreditación de una carrera? A priori, difícil. La Asociación de Facultades de Medicina (ASOFAMECH) se ha mostrado dispuesto a escuchar y el Colegio Médico ha hecho explícito su apoyo, incluyendo la idea en la declaración de principios extendida este año por su departamento de acreditación y formación -la educación médica, de pre y postítulo, es una de sus tres áreas de interés principales, según la misión del Colegio- (http://www.colegiomedico.cl/Default.aspx?tabid=56&selectedmoduleid=2494&ArticleId=1042&ren=r). 
EXTERNALIDADES Y LA LEY DE MURPHY 
Dice uno de los corolarios de la Ley de Murphy que “cuando las cosas se dejan a su suerte, suelen ir de mal en peor”[4]. Si dejamos a un lado el negativismo, digamos que no es Murphy la ley que nos rige, sino que son las leyes de mercado. Es así como nos topamos con el concepto de externalidad del cual encontré lo siguiente “a veces la actividad económica no sólo repercute en compradores y vendedores, sino que también afecta a terceros, y en ocasiones muy negativamente. Estos efectos no son tenidos en cuenta por compradores y vendedores a la hora de tomar sus decisiones”. Tal parece que es una forma elegante para llamar aquello que en contexto de guerra se denomina “daño colateral”. 
Sobreproducción de profesionales de salud que no les interesa el sistema público y menos la atención primaria, criterios de acreditación, institucionales y de carreras, que no aseguran la calidad de los procesos formativos –por eso no nos preocupemos, si ponemos una prueba de conocimientos al final de la carrera se acabó el problemita-, un sistema educativo que es controlado por poderosos incentivos económicos, un sistema de salud con recursos insuficientes para una atención digna de quienes más necesitan, menos aún para implementar sólidos programas de promoción de la salud, los mismos empresarios de la educación ven en la salud un buen negocio… despierta! Esas cosas jamás pasarían en Chile. 
Luciano Bustos
Vicepresidente en Asociación de Estudiantes de Medicina de Chile
[1] Entiéndase lo que denomino “educación en salud” a las características de contenido y forma que conceptualizan la formación profesional en las carreras que aportan con recurso humano para el sistema de salud del país y no confundir con “educación para la salud” que constituye una herramienta para la prevención de enfermedad y promoción de la salud, de la cual podemos referirnos en extenso en otra ocasión. Dado que la formación técnica atiende a una realidad distinta, respecto a los objetivos de sus instituciones y de los propios estudiantes, no pretendo aludir directamente a esta realidad, aunque sin duda, el contexto general les afecta de igual o mayor forma. 



fuente: medicamentoso Cuáles son los incentivos para formar profesionales de la salud.

SIMILAR ARTICLES

0 80