Tres años

Tres años

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Tres años

Ignacio y yo

Ahí salgo con el regalo más lindo de la vida :)

Que te cambie la vida. Que te cambie la vida de un día para otro. Que la vida que tenías ya no esté más, de un momento a otro, en un instante. En un instante no hay dolor, al siguiente sí. Dolor, confusión y luego un diagnóstico, una novedad, una noticia.

Tienes Lupus. Yo tenía veintitrés años. Apenas veintitrés. Cuando pienso en lo pequeña que era, en lo frágil y débil que era en ese verano de 2010, me da mucha pena. Esa pequeña que sufrió, que tuvo tanto miedo. Me dan ganas de ir atrás solo para abrazarla y decirle que esté tranquila, que confíe, que va a pasar, que puede salir adelante. Quisiera haber tenido más fe desde el comienzo, la fe en mí misma que me ayudó a recuperarme, a no dejarme vencer, a no dejarme morir en esa cama de hospital.

Pero antes de la fe tenía tanto miedo y no sabía cómo ser fuerte, cómo ganarle a todo ese dolor. ¿Han sentido dolor? Físico, un dolor físico que te machaca el alma y que no te deja pensar con claridad, que te anima a rendirte, que te agota y te quita las ganas de vivir. No querer más guerra, querer dejar todo atrás, solo para que ese dolor pase. Estaba en una cama y sentía que mi cuerpo me había abandonado, que me traicionaba. Yo era joven pero no tenía muchas esperanzas. Hasta una noche, la peor noche de mi vida, decidí que no me merecía todo ese dolor, que no merecía dejarme vencer, que no merecía la vida que había llevado hasta antes del Lupus.

Pensaba: si me muero esta noche, ¿qué habrá sido de mí? Poco, casi nada. Estaba sola en una cama de hospital. Hay gente a tu alrededor, pero estás solo. Estaba sola, con el corazón roto, desilusionada de la gente; el año anterior me habían hecho mucho daño y yo no había sabido enfrentarlo ni procesarlo. Cómo iba a morir así. No podía dejar mi vida en un punto tan malo. Era increíble que sintiera que en todo ese panorama el Lupus no fuera lo peor, lo peor era que no tenía nada.

Merezco una vida, fue lo que pensé. Una vida bonita, una vida joven, una vida con amor, con sonrisas, con alegría. Si no la había tenido hasta entonces era porque no me lo había permitido, no me había dado cuenta de que podía tenerla. Me convencí de que necesitaba vivir. Sobrevivir en primera instancia para luego poder vivir. Agarrar mi vida y llevarla a donde yo quisiera. No sabía bien qué quería pero me propuse encontrarlo en el camino, camino que no podía andar si no tenía a mi cuerpecito de mi lado.

Pasaron ya tres años desde que comencé esta aventura. Aquí estoy yo con mi vida. Con mi vida bonita.

Cada día despierto y agradezco por despertar, por levantarme, por poner los pies en el suelo sin dolor. Me veo en el espejo y soy yo, soy yo, más feliz que nunca, más bonita que antes. Me veo en el espejo y llevo conmigo las marcas de la enfermedad. Me cuesta entender que haya dejado que mi cuerpo se hiciera tanto daño, pero ya casi no me lo reprocho, ya ocurrió y ahora solo resta no dejarse estar y aprovechar esta vida.

Ahí está mi dedín (ex Príncipe) caminador profesional, mis riñones para siempre semi operativos dando lo mejor de sí, las marcas en la piel, las hermosas ondas de mi pelo nuevo, los ojos que perdí y que la ciencia amorosamente me restituyó. Estoy lista, siempre estoy lista para vivir. No sé si estoy lista para volver a sufrir porque amo tanto la vida que tengo, pero si me toca volver a sufrir, sabré sobreponerme una vez más… creo y espero, jajajaja.

He disfrutado un montón todo este tiempo. No siempre ha sido fácil. Esa primera crisis gracias a la vida fue la única, por lo que he tenido harto tiempo para dedicarme a vivir la vida. El tratamiento está ahí, siempre presente, ha habido obstáculos, como las Cataratas y el Cushing. Agradezco todo lo que pasó por darme tantas fuerzas para seguir viviendo y para dar el mejor esfuerzo en cada paso.

La vida me ha regalado muchas cosas bellas. Amigos hermosos, mi familia que tanto me cuida siempre. Gracias a los que estuvieron en el tiempo del hospital, aunque ya no estén, pero la vida es larga y culebrera y siempre atesoraré lo que me dieron esos días. Y ahora, ahora que siento que estoy cumpliendo mi objetivo de llevar mi vida al lugar que yo quiera, debo, quiero y necesito agradecer al Ignacio, por no solo embellecer mi presente, por alegrar cada uno de mis días con su dulzura y amor, sino también por hacerme creer otra vez en el futuro. En el momento en que nos encontramos, yo sentía que ya estaba bien, pero él hizo que todo fuera mejor, y cada vez mejor. Son cosas que ya se las he dicho a él pero no creo que sobre decirlo acá. Gracias por ser mi príncipe, mi héroe, mi soporte y el más efectivo de mis remedios. Gracias por tu amor, por ser mi amor, mi compañero, por aceptarme y amarme cheuta. Eres el regalo más lindo que me ha traído esta vida y todos nuestros sueños de compartir nuestra vida son el motor más potente para sentirme bien. Es muy bonito haber optado por mi vida y sentir que todo vale tanto la pena, más si la vida se puede hacer junto a alguien como tú.

Doy gracias a la vida por todo lo que tengo y también por todo lo que me quitó ese verano de horror, por todo lo que aprendí y por todo lo que ignoro todavía. Estoy feliz de la vida, no puedo decirlo de otra forma, feliz de la vida. Que mi vida haya cambiado por el Lupus hoy es algo que aprecio y espero que cada una de las personas que sufren así puedan hallar la fuerza y las ganas, la esperanza. Quiero seguir sonriendo y amando a quienes amo. Estos tres años han sido la más fascinante de las aventuras y sé que los que vengan no me decepcionarán. Salud y amor. Salud y amor. Salud y amor.

fuente: Tamara Tres años

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