Todos podemos ser víctima de una enfermedad mental

Todos podemos ser víctima de una enfermedad mental

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Todos podemos ser víctima de una enfermedad mental

Esta semana el país se ha visto conmocionado por la noticia de que el candidato de la Alianza por Chile, Pablo Longueira, bajó su postulación a la presidencia por estar aquejado de una depresión severa.

El hecho de que una depresión afecte a un personaje público es tan dramático como cuando afecta a un ciudadano común, sin embargo en el primer caso las circunstancias nos recuerdan de un modo más elocuente que las enfermedades mentales nos pueden tocar a todos. Éstas son afecciones reales, que comprometen el funcionamiento general de quien las sufre y que, a pesar de la creencia popular, no pueden ser modificadas sólo con “la fuerza de la voluntad”. No son un invento. No son un defecto moral. Son condiciones complejas, de causalidad multifactorial y debilitantes, de las que nadie está a salvo, al igual que las enfermedades físicas. Nadie tiene asegurado un ánimo estable o un pensamiento libre de delirio.

8264843243_bbc0d71287_oLamentablemente nuestro país no parece tener conciencia del impacto de las enfermedades mentales sobre el bien común y privado, a juzgar por varios indicadores que demuestran un abandono del problema. Seguimos creyendo, ingenuamente, que las enfermedades mentales son un capricho, una manera de “conseguir licencia” o un asunto de débiles o flojos, y como el avestruz, escondemos la cabeza bajo la arena para evitar hacernos cargo de un problema que hoy es urgente. Sólo por poner un ejemplo, Chile destina un 3% de sus gastos totales de salud a salud mental, en comparación con el 6% de Estados Unidos, el 8% de Costa Rica o Uruguay, el 9,6% de Australia o el 11% de Suecia o Nueva Zelanda (la OMS recomienda destinar entre un 6% y un 10%). De las 80 enfermedades cubiertas por el plan AUGE/GES, sólo 4 (5%) son psiquiátricas. Día a día nuestro sistema de salud discrimina a las personas con enfermedades mentales (tanto en el sector público como en el privado), brindándoles coberturas significativamente menores a las que se les ofrecen a las personas aquejadas por “enfermedades físicas”. De los países miembros de la OECD, con excepción de México, Chile es el país con menos camas psiquiátricas por número de habitantes.

La situación de abandono recién retratada es tanto o más grave considerando el perfil epidemiológico de nuestro país. Actualmente las enfermedades neuropsiquiátricas son la primera causa de pérdida de años de vida saludables por muerte prematura o discapacidad (AVISA) a nivel nacional (y una de las más altas del mundo). Un tercio de los chilenos tendrá una enfermedad psiquiátrica alguna vez en su vida. Más aún, tenemos una tasa de suicidios mayor al promedio de la OECD, y somos el país que más ha registrado un incremento en la tasa de suicidios después de Corea del Sur en los últimos años.

depressionSería bueno no desaprovechar la atención que ha traído la contingencia política sobre la salud mental para hacer una llamado a corregir la desfavorecida situación en que se encuentra esta crítica área de la salud. En primer lugar, y como lo han propuesto las investigadoras Camila Valdés y Paula Errázuriz a través de una publicación del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales, sería recomendable incrementar el porcentaje del gasto de salud destinado a salud mental, llegando a un 6-10%, como lo  recomienda la Organización Mundial de la Salud, cifra más coherente con el rol protagónico de las enfermedades mentales sobre la carga de enfermedad del país. Segundo, deberíamos incorporar más enfermedades mentales dentro de las patologías cubiertas por GES/AUGE. La incorporación de la depresión, la esquizofrenia, el trastorno bipolar y las adicciones (la mayoría de ellas con restricciones) ha sido beneficiosa para la población, y debemos continuar por ese camino y mejorarlo, con más patologías incorporadas a la lista y con una mejor calidad de las prestaciones ofrecidas. Tercero, deberíamos promulgar una Ley de Salud Mental, que – al igual como se ha hecho en otros países – obligue a las aseguradoras a dar una cobertura a las enfermedades mentales igual o superior a la que se ofrece para las enfermedades físicas (ej. Mental Health Parity Act de los Estados Unidos). A través de éstas medidas quizás podamos mitigar el inmenso impacto en la salud pública que producen las enfermedades mentales y contribuir a aliviar el enorme sufrimiento de las personas y familias aquejadas por una enfermedad mental. Es de esperar que nuestras autoridades políticas, sensibilizados en esta oportunidad por la contingencia, tomen cartas en el asunto.

Foto: Flickr cc

rodrigoMédico Psiquiatra. Especialista en Trauma, Ansiedad y Duelo. Marido de una y papá de dos. Baterista y windsurfista amateur. Computín. Comenzando magíster en administración de salud

fuente: Invitado

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