IPC de la Salud

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IPC de la Salud

Imagínese que usted vende algo que toda la gente necesita. Por ejemplo… agua. Imagínese que, además, usted tiene clientes cautivos ya que no se pueden cambiar de compañía de agua (porque a su casa no llega ninguna otra, o bien porque el carísimo poner cañerías nuevas a la matriz de otra compañía). Imagínese que usted fija el precio del agua. Si bien hay algo de competencia (microscópica diría yo, porque la gente no se puede cambiar o porque la gente poco sabe lo buena o mala que es el agua que Ud. vende), en la práctica los precios los fija Ud. mismo.

Siguiendo con nuestro ejercicio… Imagínese que de un tiempo a esta parte, un señor juez le ha estado encontrando razón a la gente que reclama porque le suben el precio del agua. De repente se encuentra con que el juego de subir el precio un poco cada año ya no le resulta. Ud. reclama, diciendo que la gente está gastando más agua, que los costos de producirla suben, que las sequías, etc. Pero el juez no lo pesca. Hasta que a alguien se le ocurre una solución. Calculemos (en un índice) cuanto influye el mayor consumo, los costos de producción, las sequías, etc, en el precio del agua y dejemos que las compañías puedan subir  sus precios de acuerdo a ese índice.

Esto tiene dos efectos. El primero es que su compañía ya no tiene ningún incentivo (si es que tenía uno antes) en ser más eficiente, en que sus consumidores gasten menos agua, en aportar a controlar el cambio climático  para que no hayan tantas sequías.

El segundo efecto es que a las ISAPRES les encanta el IPC de la salud.

fuente: Daniel

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