¿Hagamos un pequeño ejercicio?

¿Hagamos un pequeño ejercicio?

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¿Hagamos un pequeño ejercicio?

La Doctora Cecilia Castillo nos invita en esta columna a reflexionar sobre cuál es nuestra verdadera libertad de elección a la hora de escoger qué comemos y el rol que juega en esto la nueva ley de rotulado y publicidad de alimentos.
El Honorable Congreso ha aprobado recientemente la Ley de Rotulado y Publicidad de los Alimentos, la que se encuentra próxima a ser publicada en el Diario Oficial. Esta Ley fue desarrollada como una manera de hacer frente a la epidemia de obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT). Este cuerpo legal tuvo una larga discusión y un largo trámite legislativo y requirió además de numerosas modificaciones para su aprobación final. 
El desarrollo de la obesidad tiene relación con los cambios sociales y económicos que han generado modificaciones en el consumo de alimentos y en el estilo de vida de las personas. Estos han favorecido la ingesta de productos con una alta densidad energética (calorías), ricos en grasas, sal y azúcar y bajos en fibra dietética. El resultado final ha sido una tendencia creciente en el desarrollo de estas enfermedades, especialmente en los sectores de menores ingresos, cada día en etapas más precoces de la vida y con mayor severidad.
Esta Ley ha sido fuertemente criticada por muchos sectores que sienten que con ella se limita su capacidad de elegir, se limitaría algo fundamental, la libertad. Por eso los invito a realizar un pequeño ejercicio:

 ¿Cómo está su capacidad recordatoria?

Cuando usted se dirige al trabajo en la mañana, probablemente va mirando por la ventana del bus o de su auto o quizás va caminando rápidamente. Las imágenes pasan ante sus ojos y usted las mira sin detenerse en alguna en especial, al menos así nos parece. Muchas ideas cruzan por su cabeza, pareciera que el entorno no perturbara su línea de pensamiento, sin embargo, sigilosamente un sinnúmero de marcas van dejando una huella casi indeleble en la mente, sus colores, sus formas, sus letras. Pero usted dirá, no me importa, no les presto atención. Más tarde, cuando llega al trabajo, enciende su computador y hojea algunos sitios web, quizás algunos periódicos, verá que también incorporan numerosos avisos comerciales que casi no ve, porque está apurado para que el jefe no se de cuenta que está usando el tiempo en otras actividades, pero las mismas marcas que se cruzaron en su camino, están ahí, y así recibe otra pequeña dosis de estímulos de publicidad. Probablemente si hojea una revista encontrará las mismas marcas, pero seguirá leyendo y pareciera que nada se fijara en su mente. Si usted es médico, revisará algunas de las revistas científicas nacionales y probablemente también aparecerán algunas marcas, pero bueno, casi nadie presta mucha atención a eso ¡Que importa!
Luego llega la hora de almuerzo y cuando usted debe solicitar algo para beber ¿Qué pide? Probablemente si hace un recordatorio consciente, se dará cuenta que usted seleccionará la bebida con la misma marca que se le cruzó en el camino, en el sitio web, en la revista y en la radio. Entonces cuando muchos hablan de la libertad de elegir alimentos, podemos decir que tal libertad está mediada por la exposición subliminal de publicidad a la que somos sometidos diariamente. Si nosotros los adultos, no tenemos la capacidad de elaborar en forma consciente muchos de los estímulos ambientales. ¿Se imaginan ustedes que pasará con los niños? Definitivamente entre tantos estímulos visuales, auditivos y sensoriales su capacidad para separar lo adecuado de lo inadecuado es casi nula. Si se suma a lo anterior la calidad de los alimentos: ricos en grasas, dulces y sal, con intensos sabores que estimulan el apetito y que se acompañan de coloridos envases, regalos y/o atractivas promociones, la experiencia será tan placentera, con una gratificación tan alta e instantánea que será difícil de resistir y obviamente usted querrá repetir la experiencia de ese consumo. Perdón ¿De cuál libertad hablaban?
Durante muchos años los profesionales de la salud hemos pensado que la promoción de una alimentación saludable y la prevención de la obesidad pasa solamente por la entrega de información y de la voluntad personal de querer cambiar los hábitos de consumo. Pero la responsabilidad no es sólo individual, es principalmente social y la Ley de Alimentos es una herramienta fundamental para lograrlo. Ayudar a nuestra población a resistir estas poderosas influencias ambientales es una necesidad y un deber. Por ello, las actividades a realizar serán mucho más exitosas si se logran cambios en el medio ambiente que permitan que las opciones saludables sean de más fácil elección. 
La obligación que impone la nueva Ley al Ministerio de Salud de generar mecanismos para identificar y rotular alimentos no saludables, que derivan en una limitación de su publicidad y de venta en los colegios es una oportunidad para fortalecer la actividades de prevención y de educación alimentaria. No hay duda que esta nueva Ley de Alimentos será determinante, sin embargo, esto sólo será posible si el Ministerio tiene la capacidad de generar un reglamento que establezca en forma adecuada que alimentos no son saludables. Si los criterios establecidos son adecuados, los adultos y los niños podrán identificarlos con mayor facilidad. Estos productos desaparecerán de los quioscos escolares y no podrán ser publicitados en los medios de comunicación masiva, así como tampoco, podrán entregar regalos, ni promociones que incentiven su consumo. Pero si el Ministerio de Salud no logra definir un reglamento adecuado que permita la identificación de estos productos, todo el esfuerzo que significó esta Ley se podría perder. Estos alimentos podrían seguir siendo vendidos en colegios y publicitados abiertamente. ¡Todo está a punto de suceder!. Veremos que prima en Chile en materias de alimentación y nutrición. ¿El bien común o los grandes intereses comerciales?.
Dra. Cecilia Castillo L.
Pediatra, Especialista en Nutrición y Salud Pública.

fuente: medicamentoso ¿Hagamos un pequeño ejercicio?

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