EUNACOM: un instrumento a replantear

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EUNACOM: un instrumento a replantear

Hoy conversaba con colegas recién egresados sobre el presente y futuro del Examen Único Nacional de Conocimientos en Medicina. El por qué de la existencia de un examen que certifique a los médicos y cuáles son las condiciones que se requieren para que cumpla su rol.
En nuestra sociedad y dado el avance de los conocimientos en medicina resulta lógico definir estándares de atención que respondan a la demanda creciente de los usuarios en cantidad y calidad.
En ese escenario resulta deseable la existencia de instrumentos que certifiquen de manera pública las competencias de los profesionales de cada área. Certificación que radica en las entidades formadoras de profesionales.
En medicina resulta complejo poder dar una certificación respecto de las competencias necesarias para construir un buen profesional: aquellas blandas (responsabilidad, honestidad, etc) y las competencias duras (conocimientos, ética profesional, etc). Competencias que a pesar de su nombre tienen la misma importancia crítica en la formación de un buen médico.
El modelo elegido por las casas de estudio, a través de una prueba teórica, de alternativas, sumado a la evaluación práctica de los internados, busca certificar respectivamente, esas competencias duras (los conocimientos) y las competencias duras y blandas (ética profesional, asertividad, responsabilidad, honestidad, etc). Un modelo que resulta bastante lógico, pero que aún requiere varias medidas de perfeccionamiento, partiendo por la labor de formación que desarrollamos los mismos docentes.
Es fácil caer en privilegiar uno u otro grupo de competencias, según el modelo formativo de cada casa de estudio, de cada sede, servicio o departamento académico o incluso de cada profesor. Y si bien, esta mixtura de posibilidades en el itinerario formativo del médico resulta enriquecedora para los alumnos, también encierra el riesgo de descuidar las competencias blandas, que muchas veces son las más sentidas por los usuarios de los sistemas de salud.
Por otro lado puede resultar particular, sobre todo a ojos de los alumnos de medicina, que una prueba teórica con preguntas de múltiple elección, resuma los conocimientos necesarios que un médico general en chile debe tener. Sin embargo, una cantidad definida de conocimientos mínimos para una certificación, puede ser medida con instrumentos como el nombrado. La incertidumbre se crea en las posibilidades de falla que pueda tener el instrumento y con ello las dudas en la certificación otorgada.
La pregunta entonces, es ¿Cómo poder construir un instrumento que sea fidedigno, eficiente y eficaz en la certificación de las competencias mínimas necesarias para ejercer la medicina en Chile? Un instrumento que recoja las distintas visiones de la profesión que poseen las casas de estudio del país, las necesidades país definidas por la autoridad y las necesidades de la sociedad, y que además, cumpla con el requisito esencial de preservar la fé pública en los profesionales formados.
Si además se considera que dicha certificación es reconocida legalmente a través de la ley médica (19664) y su reforma posterior (ley 20261), resulta más importante aún, mantener en constante perfeccionamiento el instrumento actual llamado EUNACOM y evaluación de los internados.
En ese punto es crucial el reforzamiento de aquellas competencias blandas ya nombradas, a través de nuestras propias actitudes y actos, como docentes: exigir ética en el actuar médico demostrando ética en el acto médico, y/o exigir conocimientos basados en el estado del arte aplicando el estado del arte en la enseñanza diaria con pacientes.
La exigencia de conocimientos específicos resulta vacía si no se acompaña de una exigencia exhaustiva en estos aspectos. Y puede llevar al error de banalizar el instrumento al convertirlo solo en un “prueba entrenable” y/o en un mero indicador de marketing para cada casa de estudios.
Resulta necesario, por tanto, perfeccionar la herramienta de la que disponemos, reconocida por el estado y generada por las mismas universidades, poniendo énfasis no solo en los conocimientos si no que también en las actitudes, habilidades y destrezas clínicas y humanas de los futuros médicos. Este es un proceso constante y que requiere de nuestra humildad y asertividad como docentes, teniendo claro que todo sistema puede ser vulnerable pero así mismo potenciable en todos sus aspectos
n colegas recién egresados sobre el presente y futuro del Examen Único Nacional de Conocimientos en Medicina. El por qué de la existencia de un examen que certifique a los médicos y cuáles son las condiciones que se requieren para que cumpla su rol.
En nuestra sociedad y dado el avance de los conocimientos en medicina resulta lógico definir estándares de atención que respondan a la demanda creciente de los usuarios en cantidad y calidad.
En ese escenario resulta deseable la existencia de instrumentos que certifiquen de manera pública las competencias de los profesionales de cada área. Certificación que radica en las entidades formadoras de profesionales.
En medicina resulta complejo poder dar una certificación respecto de las competencias necesarias para construir un buen profesional: aquellas blandas (responsabilidad, honestidad, etc) y las competencias duras (conocimientos, ética profesional, etc). Competencias que a pesar de su nombre tienen la misma importancia crítica en la formación de un buen médico.
El modelo elegido por las casas de estudio, a través de una prueba teórica, de alternativas, sumado a la evaluación práctica de los internados, busca certificar respectivamente, esas competencias duras (los conocimientos) y las competencias duras y blandas (ética profesional, asertividad, responsabilidad, honestidad, etc). Un modelo que resulta bastante lógico, pero que aún requiere varias medidas de perfeccionamiento, partiendo por la labor de formación que desarrollamos los mismos docentes.
Es fácil caer en privilegiar uno u otro grupo de competencias, según el modelo formativo de cada casa de estudio, de cada sede, servicio o departamento académico o incluso de cada profesor. Y si bien, esta mixtura de posibilidades en el itinerario formativo del médico resulta enriquecedora para los alumnos, también encierra el riesgo de descuidar las competencias blandas, que muchas veces son las más sentidas por los usuarios de los sistemas de salud.
Por otro lado puede resultar particular, sobre todo a ojos de los alumnos de medicina, que una prueba teórica con preguntas de múltiple elección, resuma los conocimientos necesarios que un médico general en chile debe tener. Sin embargo, una cantidad definida de conocimientos mínimos para una certificación, puede ser medida con instrumentos como el nombrado. La incertidumbre se crea en las posibilidades de falla que pueda tener el instrumento y con ello las dudas en la certificación otorgada.
La pregunta entonces, es ¿Cómo poder construir un instrumento que sea fidedigno, eficiente y eficaz en la certificación de las competencias mínimas necesarias para ejercer la medicina en Chile? Un instrumento que recoja las distintas visiones de la profesión que poseen las casas de estudio del país, las necesidades país definidas por la autoridad y las necesidades de la sociedad, y que además, cumpla con el requisito esencial de preservar la fé pública en los profesionales formados.
Si además se considera que dicha certificación es reconocida legalmente a través de la ley médica (19664) y su reforma posterior (ley 20261), resulta más importante aún, mantener en constante perfeccionamiento el instrumento actual llamado EUNACOM y evaluación de los internados.
En ese punto es crucial el reforzamiento de aquellas competencias blandas ya nombradas, a través de nuestras propias actitudes y actos, como docentes: exigir ética en el actuar médico demostrando ética en el acto médico, y/o exigir conocimientos basados en el estado del arte aplicando el estado del arte en la enseñanza diaria con pacientes.
La exigencia de conocimientos específicos resulta vacía si no se acompaña de una exigencia exhaustiva en estos aspectos. Y puede llevar al error de banalizar el instrumento al convertirlo solo en un “prueba entrenable” y/o en un mero indicador de marketing para cada casa de estudios.
Resulta necesario, por tanto, perfeccionar la herramienta de la que disponemos, reconocida por el estado y generada por las mismas universidades, poniendo énfasis no solo en los conocimientos si no que también en las actitudes, habilidades y destrezas clínicas y humanas de los futuros médicos. Este es un proceso constante y que requiere de nuestra humildad y asertividad como docentes, teniendo claro que todo sistema puede ser vulnerable pero así mismo potenciable en todos sus aspectos

fuente: Pablo Salinas Carrizo EUNACOM: un instrumento a replantear

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