¿En que momento nos perdimos?

¿En que momento nos perdimos?

0 361

¿En que momento nos perdimos?

Ayer pasé por un pasillo del Hospital donde trabajo y me llamó la atención un cartel: “Diplomado en Humanización de la Medicina”

“¡Diablos!, ¿A esto hemos llegado?”, fue lo primero que se me pasó por la cabeza. Recordé de inmediato dos casos que me impactaron a comienzo de semana: dos pacientes jóvenes con cuadros neurológicos serios, sin diagnóstico claro por estudios atrasados hace dos y un año respectivamente.

Ambas, mujeres jóvenes con familias completas a su alrededor y con la incertidumbre de no saber que las aqueja y por ende tener un tratamiento sea paliativo o curativo y así también un pronóstico.

O sea, el no tener el conocimiento de lo que se les viene en la vida y por ende poder arreglar sus problemas de pareja, con sus hijos, con amigas, o familiares, reordenar su proyecto como persona, replantear su vida laboral o eventualmente académica, etc. En el fondo tener alguna certeza para poder organizar su vida. O simplemente vivirla. Algo que nos puede parecer tan trivial pero que es esencial en nuestra existencia

¿Cómo?

O mejor dicho ¿Cómo puede ocurrir que en la maraña administrativa habitual de nuestros hospitales puedan quedar olvidados los casos de cada paciente?

¿En qué momento fue que dejamos de ver a ese otro como un reflejo de nosotros mismos y lo convertimos en un órgano, una enfermedad, un número, un caso clínico o simplemente una pega más?

¿Cuándo dejamos de mirarnos en el resto?

Sé que las respuestas son múltiples y saltan a la vista: sobrecarga laboral, estrés, rendimientos irracionales, malas condiciones laborales, burn out, etc. Pero también sé que todas ellas no dan la respuesta final a esa pregunta.

Quizás la gran belleza de esta pega, es precisamente la posibilidad de ver al ser humano en su total intimidad. No aquella física o material, si no que aquella esencial: la del espíritu. Y ene se momento poder dar la mano y darle a entender a ese ser humano que no está solo, que aún puede tener apoyo en otro. Y que tal como ahora está siendo auxiliado por otro ser humano, puedes ser tu mismo quién necesite la ayuda después.

Esa belleza escondida, en nuestra cada vez más protocolizada, tecnologizada y legalizada medicina, se aprende en el box, en el trabajo día a día. En mi caso, siendo Médico general de Zona en Vicuña, hace diez años atrás. Una etapa imborrable y que me enseñó eso: tener la capacidad de mirarme en el otro, y reconocerme. Una simple mirada a los ojos del pcte. que tienes al frente para poder percibir el mar insondable de emociones y distintos aspectos de esa persona. El poder aliviar solo con una frase o un gesto.

¿De que nos sirve, plantear grandes modelos teóricos de las enfermedades o de la administración en salud, si no somos capaces de tener una corta charla con nuestros pacientes en el box y/o de mirarlo(a) a los ojos y decirle “tranquilo, estamos haciendo todo lo que hay que hacer”?

¿En qué momento nos perdimos?

No lo sé, pero sí creo que el recordar día a día que somos simples seres humanos trabajando con vidas y ayudando a  otros seres humanos, nos puede dar la clave para ejercer mejor nuestra labor y poder terminar la labor diaria con la tranquilidad de haber dado el mejor esfuerzo.

¿Será muy difícil? No lo creo, al menos mientras sepamos enseñarles a nuestros alumnos cosas simples como saludar, mirar a los ojos, escuchar y ponerse en el lugar del otro.

 

fuente: Pablo Salinas Carrizo ¿En que momento nos perdimos?

SIMILAR ARTICLES

0 73

0 75