¿El uniforme azul nos hace intocables?

¿El uniforme azul nos hace intocables?

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Autor medicamentoso
¿El uniforme azul nos hace intocables?

Otra vez estoy por acá escribiendo, y como me irán conociendo, me gusta contar historias. Acá va una. 
La semana pasada una enfermera tuvo un accidente automovilístico de mediana energía y llegó a un servicio de urgencia para ser atendida; a la primera evaluación solo lesiones leves, principalmente a nivel cervical, por supuesto tenía mucho dolor, razón por la que el médico le indicó analgesia endovenosa. En este momento comienzan las dificultades. El profesional de enfermería al estar preparando el medicamento recibe la sgte. pregunta de parte de la paciente – ¿Qué vía venosa me vai a poner?-  Porque tiene que ser una 20 no más – ¡O sea! – ¿Ahora el paciente decide cuál es el calibre del catéter? Y lo que sigue es peor: Afuera del box de atención había 3 enfermeras/os compañeros de trabajo (de otra institución) de la paciente esperando para entrar a verla; por supuesto no se presentaron ante el personal “nativo”, tampoco saludaron ni solicitaron autorización para ingresar al servicio; por el sólo hecho de usar uniforme azul, se creyeron con el derecho de ingresar y además participar del tratamiento de la paciente, ya que una de ellas movilizó la camilla cambiando el decúbito. Esta situación persistió durante toda la estadía de la paciente en el servicio; se agregó a esto el trato inadecuado hacia los técnicos paramédicos de la urgencia, la horizontalidad en la relación con el equipo de salud de turno ese día (médicos, enfermeros) tratando de tu a todo el mundo e intentando intervenir en el tratamiento. Fin de la historia, demasiado para mi. 
¿Con que objetivo les cuento esto? Porque me molesta mucho la falta de respeto con que actúan algunas/os profesionales de enfermería por el solo hecho de usar uniforme azul marino. Cuando era pequeño en mi casa me enseñaron a respetar al resto, a mantener la distancia con desconocidos, a presentarme al llegar a un lugar, a pedir permiso para entrar, dar las gracias y pedir por favor; el la universidad no me hicieron repaso de esos temas, pero los llevaba tan internalizados que persisten hasta el día de hoy en cada acción que realizo. Cuando me ha tocado ir a un servicio de urgencia u hospitalización con algún familiar o amigo, evito mencionar que soy enfermero, cuando llego a un servicio me dirijo al personal y solicito permiso para ingresar o para obtener información ¿Tan difícil es hacer lo mismo colegas? La prepotencia con que se presentaron ese día en el caso antes descrito me hizo pensar si esto es generacional o hay una deformación académica que hace ser así a los nuevos miembros de esta noble profesión. 
El uniforme azul y el título de Enfermera/o nos da una serie de ventajas y nos abre puertas, sobre todo en nuestro lugar de trabajo, donde podemos conseguir cosas, facilidades, porque nos conocen y tenemos una relación cercana con el resto del personal. Pero eso no pasa cuando uno va a otra institución de salud; yo no permito ni permitiré que llegue una visita a mi casa, se meta sin invitarla a pasar y entre al living a cambiar los muebles. El uniforme azul no nos hace dioses, semidioses, reyes ni príncipes, son los buenos modales y el respeto los que hacen que las puertas se abran de par en par. Si ese día hubiesen dicho buenos días, pedido por favor, todo habría sido distinto. 
Y recuerden que cuando uno se transforma en “paciente” debe dejar de lado la profesión y confiar en las personas que en ese momento realizan su trabajo, sin presiones ni consejos, solo con respeto a su labor.
Edgardo Loyola Neira
Enfermero  UdeC 

fuente: medicamentoso ¿El uniforme azul nos hace intocables?

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