¿Dejarías que un robot cuidara a tu abuela enferma?

¿Dejarías que un robot cuidara a tu abuela enferma?

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¿Dejarías que un robot cuidara a tu abuela enferma?

En 1964, el Dr. Joseph Weinzbaum desarrolló ELIZA, un programa diseñado para responder como si fuera un humano. Una variante conocida como DOCTOR respondía a lo que no sabía como si se tratara de un psicoanalista: por ejemplo, si el sujeto ingresaba el texto “Mi mamá me odia”, DOCTOR podría arrojar algo así como “¿Hay alguien más de tu familia que te odie?”. Weinzbaum esperaba que las personas se sintieran sorprendidas por esta interacción, incluso molestas, pero nunca se imaginó algo que nunca dejó de producirle confusión y decepción. Incluso cuando les explicaba a las personas que DOCTOR no “entendía” lo que los usuarios le escribían, si no que estaba programado para responder de acuerdo a un algoritmo, las personas querían pasar más tiempo con “él”. Querían quedarse solos, para poder seguir escribiendo y contarle sus problemas. Querían relacionarse con DOCTOR, aún sabiendo que DOCTOR no podía participar de esa relación.

Habitualmente atribuimos a la tecnología un caracter generacional, en el sentido en que se espera que los jóvenes adopten las nuevas tecnologías de forma casi automática, mientras los adultos mayores tendrían una actitud más resistente. Sherry Turkle, también del MIT, describe como los niños que enfrentan por primera vez a una mascota robótica como el “perrito AIBO” presentan reacciones complejas, ambivalentes y heterogéneas, y no simplemente una adaptación no cuestionada. En contraste, Turkle refiere que muchos adultos mayores viviendo en casas de reposo no tienen problema en adoptar y utilizar robots como Paro, diseñados como acompañantes para ancianos que pasan la mayor parte del tiempo solos…

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Nursebot (Nurse = enfermera) acompaña a personas mayores, pudiendo incluso realizar acciones como buscar algunos medicamentos o administrar oxígeno.

Los profesionales de la salud habitualmente tenemos una actitud hiper-pragmática frente a los robots: “Hey, si ayudan a las personas a estar mejor…” – entonces tiene que ser bueno, ¿no? Estamos enfrentados todo el día a personas con múltiples demandas y necesidades, y cuando aparece una nueva tecnología que promete poder aliviar el sufrimiento, prima el entusiasmo por sobre la cautela. Turkle describe los sentimientos de enfermeras, cuidadores e hijos de padres ancianos que mantienen un robot como compañía: les conforta saber que están “acompañados”, aunque estos acompañante no sea capaz de establecer una verdadera relación. La opción robótica se presenta así como una opción tipo “es lo que hay” o “peor es nada”, sin cuestionar el hecho de que los robots no pueden cuidar; solo dar la apariencia de cuidar. Esa apariencia de cuidado es construida por nuestra mente, que parece no resistir la idea que detrás de unos ojos imposiblemente “humanos” no haya nada.

El pragmatismo y paternalismo médico, como ética de relación acostumbrada a soluciones imperfectas motivadas por la compasión, no ve mayor problema en aliviar la soledad de los adultos mayores con una cáscara vacía que solo simula una relación. Así, las tecnologías robóticas de cuidado parecen tener un campo abierto para la introducción de nuevos “productos y servicios de compañía”… sin que exista una reflexión en torno a lo que esto significa para la compañía “real”.

Como profesionales de la salud debemos estar atentos a los nuevos cuestionamientos éticos que abren los robots cuidadores, más allá de sus posibles beneficios. ¿Dejarías a tu abuela enferma bajo el cuidado de un robot? ¿Te gustaría a ti estar acompañado de un robot cuando estés viviendo en una casa de reposo? Piensa bien antes de responder.

Fuentes: Joseph Weinzbaum en Wikipedia

Sherry Turkle: Alone Together, Why We Expect More from Technology and Less from Each Other, Amazon Books

fuente: Camilo Erazo ¿Dejarías que un robot cuidara a tu abuela enferma?

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