¿Decidiendo por mi abuelo?

¿Decidiendo por mi abuelo?

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¿Decidiendo por mi abuelo?

Llega al Servicio de Urgencia de un hospital de una bulliciosa ciudad una ambulancia de rescate médicos a domicilio con nombre en inglés. Informan al médico de turno que traen un paciente de 90 años con dificultad respiratoria, tos productiva, febril, requiriendo alto flujo de oxígeno y con la presión arterial a la baja. Todo parece indicar una neumonía y que requeriría de hospitalización en Unidad de Paciente Crítico. Se escuchan comentarios de enfermeras y médicos cuestionando razonablemente tal vez ¿es necesario ingresarlo a la UTI? ¡Tiene 90 años! ¿Cuál es su basal? ¿Es autovalente? ¿Podrá tomar decidiones por si sólo? ¿Quién decide por él?

Como médicos nos enfrentamos muchas veces a la toma de decisiones en pacientes adultos mayores, teniendo algunos demencia avanzada. Decisiones como ingresar a una unidad de alta complejidad, realización de procedimientos invasivos, cirugías, entre otros. Muchas veces el paciente es lúcido y libre de decidir sus actos y qué desea recibir (la edad no debe ser limitante). Otras veces hay voluntades anticipadas por parte del paciente que ha manifestado a sus amigos o familiares ¿y si no las hay? Entra el delicado diálogo entre el médico y la familia. Hay que evaluar aspectos éticos y valóricos de todas las personas involucradas y se debe llegar pronto a una decisión para seguir un plan.

Antes de conversar con la familia uno debe tratar de conocer un posible pronóstico del paciente (con todo lo frío y triste que puede ser) para así orientar a sus seres queridos y poder dar respuesta a la conducta que sea conveniente tomar en pro del propio paciente ¿A dónde vamos con todo esto?. Otro elemento que debemos considerar es qué tan útil es la intervención que queremos realizar (por ejemplo es debatido que la instalación de gastrostomía o sonda nasogástrica no reducirían el riesgo de aspiración o si realmente cambiará su pronóstico meter en ventilación mecánica o dar un antibiótico de última generación a alguien). Debemos preguntarnos ¿prolongará esto quizás la vida “artificialmente”? ¿Estoy ayudando a su calidad de vida o que tenga una muerte digna?

Un estudio realizado en pacientes con demencia avanzada (Di Giulio, et al. Dying with Advanced Dementia in Long-Term Care Geriatric Institutions. A Retrospective Study. J Palliat Med 2008; 11: 1023-8), muestra lo mucho que pueden distar los deseos del paciente en vivo de lo que se termina realizando. En más de un tercio se había usado drogas vasoactivas, a un 21% se le había realizado gastrostomía, dos tercios recibían hidratación intravenosa y ¡más de la mitad fallecía con contensión física! ¿Habrá sido voluntad del paciente, de los familiares, del médico?

Hasta ahora son varias preguntas pero no olvidemos que las respuestas no las ha dado el paciente ¿cómo decidir por él entonces? Lo más importante quizás en este tipo de decisiones es contar con la voluntad anticipada del paciente, que por miedo a conversar de la muerte, rara vez hacemos. Nuestra tarea como hijos, hermanos o nietos será conversar con nuestros familiares. Saber qué le gustaría, hasta qué punto llegar y cómo entregarle el cariño en los últimos momentos (que hoy con la legalización de la medicina debiese ser por escrito).

En suma, no tenemos la respuesta clara a este problema que cada vez nos enfrentamos más por el envejecimiento de la población. Es altamente complejo dado que se mezclan criterios médicos, culturales (no aceptar la muerte), religiosos y deseos personales. El aumento de la población mayor es un éxito y no debemos verlo como un problema sino como un gran desafío.

 

 

fuente: christianvonm ¿Decidiendo por mi abuelo?

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