¿Cómo será la edición número 14 de “El Moore” de Anatomía?

¿Cómo será la edición número 14 de “El Moore” de Anatomía?

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¿Cómo será la edición número 14 de “El Moore” de Anatomía?

Warning, full disclosure, spoiler alert: escribo este post habiendo sido recientemente seleccionado como el nuevo administrador del programa PALTEX en Chile, pero no desde mi rol oficial. Este es un post para los amigos de Matasanos, y por eso más naïve y franco.

“Ah… Ah… ¡Achúuuu!”

Recuerdo claramente haber subido al PALTEX de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile a comprarme “el Moore” – probablemente era la primera edición en español de la “Anatomía con Orientación Clínica” de Keith Moore, que yacía amontonada en una ruma indigna en la estrecha oficina que usaba entonces el programa*. No me lo había comprado a comienzo de año, ya estábamos entrando al segundo semestre y yo me encontraba en riesgo de ‘echarme’ (reprobar) Anatomía (las múltiples distracciones disponibles para un alumno de primer año tuvieron un rol ahí – ¡atentos mechones!). Mis compañeros más estudiosos me aconsejaron, sin dudarlo: el Moore era mi única salida.

No estaba acostumbrado a comprarme libros de ese calibre en el colegio; el Moore fue mi primer libro “de verdad” en la universidad – aparte de un ajado tomo del Testut-Latarjet que heredé y que, confieso, nunca utilicé: cada vez que lo abría me daba un ataque de asma. En el colegio me bastaba leer los apuntes de otros compañeros, estudiar con ellos la materia, poner atención en clase… pero con Anatomía eso no era suficiente. La cantidad de material era demasiada, el tiempo muy poco y las distracciones… múltiples. Avanzaba el año y mis notas no mejoraban; presa del pensamiento mágico me llevé ‘el Moore’ en un viaje a Buenos Aires el fin de semana antes de un examen “para repasar”. Lo abrí recién en el viaje de vuelta, cuando ya era demasiado tarde, y al día siguiente me saqué un sonoro 2,3. Nunca me había ido tan mal en una prueba – estaba en shock. Afortunadamente, el impasible Moore se mantuvo ahí a mi lado, accesible, preciso, aplicado: me acompañó hasta fin de año revelando uno a uno sus secretos, que en realidad estaban a vista de todo el mundo. Sólo era cosa de leer con calma; finalmente incluso me eximí del examen final.

Algunos de mis amigos se horrorizaban de mi aparente falta de respeto hacia el venerado Moore. Ellos, los puristas, lo trataban como un libro sagrado, rozando apenas sus hojas plásticas para dar vuelta la página, soplando cuidadosamente cualquier mota de polvo que osara posarse sobre sus sencillas imágenes, sufriendo cada vez que el empaste emitía el más mínimo suspiro. Para ellos yo era el Anticristo: mi libro tenía manchas de palta de los completos del “Kiosco rojo”, el lomo triturado, hojas de pasto entre las de papel, y – ¡HORROR! – múltiples párrafos subrayados, ni siquiera en el mismo color. Ni los espacios en blanco se salvaban, y en ellos escribía mis notas, incluyendo resúmenes completos de algunas secciones. El fiel Moore aguantaba estoico cada tirón y graffitti, además de las miradas de desaprobación de mis futuros colegas.

Ellos nunca entendieron que yo también amé ese libro: mi manera de quererlo era aprovecharlo hasta sus entrelíneas, someterlo a un juicio crítico, darle personalidad. Estoy agradecido de que existiera un libro como el Moore, pero yo intuía que ese Moore tenía que seguir mejorando, cambiando, que vendrían próximas versiones y que ese texto pasaría, literalmente, a la historia. Por supuesto nunca hice nada para que las próximas ediciones del Moore fueran más completas y precisas, pero estoy seguro que sin esa actitud más activa los libros de medicina nunca podrían evolucionar. Venerar ciegamente los pergaminos que usamos durante nuestra formación puede ser un acto de romanticismo comprensible, pero no es la actitud que se espera de profesionales de salud. Yo quiero que los libros sigan existiendo, no como objetos-fetiches de colección, sino como cuerpos vivos de conocimiento.

¿Cómo serán los libros de medicina del futuro próximo? Sabemos que cada vez más habrá menos libros en papel – ¿migrarán a ‘la nube’? ¿explotarán en facsímiles irreconocibles de un paper de revisión? ¿se convertirán en ‘Apps’, juegos de video o cursos virtuales online? ¿Abandonarán para siempre su ‘cuerpo’ de papel para convertirse sólo en hipertexto?

Desde hace ya 45 años que el PALTEX, el Programa Ampliado de Libros de Texto y Materiales de Instrucción de la Organización Panamericana de la Salud, pone a disposición de los alumnos de carreras de la salud de América Latina los libros que necesitan, en su propio idioma, a precios accesibles – gracias a las exenciones tributarias que gozan los organismos internacionales, y a la enorme apuesta de OPS por mantener el Programa. Estoy ansioso de ver de qué forma continúa apoyando a los profesionales de la salud a convertirse en los mejores que pueden ser, sin importar su condición económica o el país donde viven.

*Hoy PALTEX tiene una ubicación privilegiada en la Biblioteca de la Facultad de Independencia.

 

fuente: Camilo Erazo

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